Jussi Adler-Olsen nos recibe ante un buen tazón con leche y un plato de churros. Y una sonrisa que no perderá en toda la entrevista. Le gusta Barcelona. La ama. Viene siempre que puede. Por promoción, sí. Pero aprovecha para alargar su estancia, disfrutar de la ciudad e inspirarse. Y, sobre todo, para perderse en el anonimato, algo prácticamente imposible en su país natal, Dinamarca, o en Alemania, donde Jussi Adler-Olsen preside las listas de los más vendidos. Ediciones Maeva publica El mensaje que llegó en una botella, la tercera novela del subcomisario Carl Mørck y su Departamento Q, que hace de los casos perdidos su especialidad.

Jussi Adler-Olsen aprovechó su paso por BCNegra para quedarse una temporada en Barcelona / Foto: Manel Haro

 

“En Dinamarca, creíamos que éramos los mejores. No sólo no es cierto, sino que no nos lleva a ninguna parte”

 

Laura De Andrés Creus. Barcelona

¿Qué tiene Carl Mørck de Jussi Adler-Olsen?

Evidentemente, Carl tiene algo de mí. Soy el tipo más perezoso que te puedas imaginar, y por eso he logrado tantas cosas. Me da tanta vergüenza ser tan vago, que después tengo que trabajar como un cosaco. Lo cierto es que envidio a Carl, porque él es muy holgazán, pero se lo puede permitir, porque hace bien su trabajo. Asimismo, como Carl, soy abierto y franco, y las autoridades no me dan ningún miedo.

¿Vivimos con miedo?

Con demasiado miedo, en algunas ocasiones. Y, en cierta manera, es comprensible. Llevo más de 40 años casado con mi esposa y ella siempre repite que podríamos volver a vivir con la simpleza que lo hicimos hace muchísimos años, cuando decidimos que nadie debía interferir en nuestra manera de ser, y vivir con casi nada. Pero si tienes a tu cargo una familia, debes asumir responsabilidades. Durante un tiempo yo tuve ese privilegio. Y creo que Carl Mørck también lo tiene.

Lo preguntaba lo de Carl Mørck porque, para nosotros, resulta inimaginable que un nórdico pueda ser perezoso…

¡Pero en Escandinavia somos cinco países, y nosotros somos los que estamos más al sur! Aún nos creemos que mandamos en el mundo, pero lo cierto es que somos 5,5 millones de habitantes,  ¡ni siquiera contamos con la población que tiene Catalunya! Y estos países nórdicos somos diferentes entre nosotros, tenemos temperamentos muy distintos. Cuando ustedes piensan en la perfección, están pensando en los suecos.

¿Resulta imprescindible la ironía para contar ciertas historias oscuras?

El binomio funciona bien. Pero sólo si los demás entienden la ironía. Y no todo el mundo la entiende. Si tus lectores captan esa ironía tienes la posibilidad de contarles algo que en realidad no les estás contando. Y para mí, esta complicidad es una de las mejores cosas que pueden ocurrir entre el escritor y el lector.

La particular manera de funcionar de Carl Mørck se apuntala en dos singulares compañeros de andanzas, la confusa Rose y Assad, un asistente de origen sirio. ¿Le permite el personaje de Assad explicar cómo ha cuajado la inmigración en Dinamarca y cuál es la relación del sistema con los recién llegados? 

Critico el sistema, pero sin señalar con el dedo. Se trata de empezar a entender a aquellos que miramos con recelo en un primer momento. Creo que mediante el personaje de Assad he conseguido que los daneses miren con otros ojos a los inmigrantes musulmanes. Quizás he colaborado en cierta manera a este fin.

¿Los conflictos que se derivan del encaje son un problema relativamente nuevo para la sociedad danesa?

En cierta manera, sí. Desde 2001, Dinamarca ha sido gobernado por un partido sumamente nacionalista -no diría fascista, aunque sí ha actuado a veces como si lo fuera-, que ha intentado relacionar cualquier tipo de problema con la inmigración. Por supuesto que se dan problemas: estamos hablando de un 8% de la población danesa, que ha llegado en los últimos 15 años. Pero la inmigración también ha aportado cosas muy positivas. Nos pensábamos que éramos lo mejores y eso no sólo no es cierto, sino que no nos lleva a ninguna parte.

Actualmente, usted es número uno en vendas en Dinamarca y Alemania. La cantera de la novela negra escandinava parece no tener fin. Aunque tengo entendido que usted no lee los otros títulos de novela negra nórdica que abarrotan las librerías.

No, no leo otras novelas negras actuales. Quiero construir mi propia plataforma, y me parece que sería muy fácil que mi estilo se viera influido por otras tramas, otras atmósferas, otros diálogos, incluso otras maneras de escribir.

¿Qué nos atrae del género?

Toda historia clásica, tradicional, es un thriller, si lo combinamos con una buena dosis de suspense, como Los tres mosqueteros de Dumas. La mayoría de los lectores cogen el libro cinco minutos antes de ir a la cama. Tienes que usar cualquier truco para que no se duerman. Y el thriller es el mejor género para usar este tipo de trucos.

Trucos que permiten, a su vez, dar una visión crítica de aquello que ocurre a nuestro alrededor, en una realidad cada vez más globalizada. Lo que hasta ahora parecía bueno, ahora ya no lo es. 

El mercado común ha intentado acercarnos y nunca hemos estado tan alejados los unos de los otros como ahora, cuando países como los escandinavos o Alemania pueden dar la espalda al resto. Deberíamos centrarnos en entender los problemas ajenos. En Dinamarca tenemos mucha empatía con la situación actual que están viviendo países como España. Y no podríamos tener esta empatía si no hubiésemos vivido lo mismo, aunque en menor escala.

La trama de El mensaje que llegó en una botella sitúa en el mapa el papel de las sectas religiosas.

Pero el tema central es el abuso de poder. En realidad, la trama se centra en las sectas religiosas como podría haberlo hecho en cualquier otro entorno hermético. Necesitaba un sistema cerrado para contar aquello que quería contar. Podría haber sido una gran empresa, como Microsoft. Aprendí en judo que lo más importante es utilizar la fuerza del otro en contra suya. Y eso es lo que hace el asesino en este caso. No tengo ningún problema con la religión, pero sí con los sistemas cerrados, aquellos que intentan convertir lo que un piensa individualmente en una misión que debe predicar a todo el mundo. Los sistemas cerrados intentan apartar algunos elementos porque no son lo suficientemente buenos para la comunidad.

Una botella que quedó olvidada en una comisaría del norte de Escocia llega hasta el despacho de Carl Mørck. En su interior, un inquietante mensaje de socorro, escrito con sangre humana. Un caso antiguo, sin resolver y al que nadie quiere hincarle el diente. Un nuevo caso para el Departamento Q.  ¿Trata de ajustar cuentas con el pasado?

El Departamento Q responde a mis necesidades creativas. Antes había tenido cierto éxito fuera de Dinamarca, pero no en casa. Hasta que un productor danés me llamó para proponerme crear un personaje que se pudiera llevar a la pantalla. No quería escribir sobre un policía convencional, porque eso te marca mucho, y no me gusta que me pongan límites. Así surge Carl Mørck, un agente que puede trabajar en cualquier parte del mundo, sin límites, incluso volver a historias del pasado sin una línea de investigación concreta. Los jefes se apartan de su trabajo porque conocen su temperamento y porque en realidad lo que quieren es quitárselo de encima. Y funcionó. De repente era leído también en Dinamarca y llegaba a las listas de los más vendidos. De hecho, añoro un poco mi vida anterior. He tenido que huir a Barcelona para encontrar la calma que necesito para escribir.

¿Se siente cómodo en Barcelona?

Para mí Barcelona es la mejor ciudad del mundo, capaz de vivir en plenitud en el siglo XXI, construyendo cosas formidables, sin eliminar su pasado.

¿Encontraremos a Carl Mørck paseando por Las Ramblas?

Quizás. Estuvo en Madrid. En Barcelona, aún no lo sé. Me encantaría mandarle por el mundo a viajar. Pero le da miedo volar.

Al menos, pronto le veremos es en la gran pantalla.

En principio la primera de las películas sobre el Departamento Q llegará al cine para las navidades de 2013.

 

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