Empar Fernández es autora de novela negra, aunque tiene libros que huyen del género criminal. Su última novela, Sin causa aparente (Plataforma Editorial), plantea, ya de inicio, una encrucijada: ¿qué pasaría si, al llegar a casa, se encuentra con un grupo de curiosos agolpados frente a la fachada de su edificio? Esa es la realidad con la que se encuentra Matías, que ve cómo el cadáver de su mujer, Raquel, yace en el suelo en lo que parece un suicidio. ¿Qué pasó por la mente de Raquel antes de morir?

La autora catalana estrena detecitve / Foto: M. Haro

 

“Es más difícil superar el suicidio de un ser querido si además no sabes por qué lo ha hecho”

 

 

Manel Haro. Barcelona

La novela arranca con un hombre que llega a casa y ve que en su puerta hay un grupo de curiosos observando lo que parece una tragedia.  ¿No es ésta una de las imágenes que todo ser humano teme encontrarse algún día?

Probablemente, sí. Como la de encontrar a los bomberos junto a tu casa o una ambulancia que espera a alguien frente a tu portal. Hay miedos atávicos, escenas que por sí mismas hacen temer lo peor.  La de los curiosos arremolinados frente a tu casa es sólo una de ellas, una de las que activan todos los sensores y hacen saltar todas las alarmas.

Peor todavía si, además, tenemos que digerir esa tragedia “sin causa aparente”. El desconcierto ante la pérdida de un ser querido debe ser como echar vinagre en las heridas…

Que una persona a la que amas se suicide o “desaparezca” sin que ni conozcas ni sospeches los motivos, ha de ser una experiencia verdaderamente amarga; una de aquellas vivencias que, como escritora, imagino prácticamente insuperables. Estamos acostumbrados a analizar lo que nos rodea, a desmenuzarlo y a hacer todo lo posible por comprenderlo. Sin pistas para conocer ni comprender, difícilmente puede superarse algo así.

¿Qué motivó la idea para esta novela?

La aparición en la prensa de diversas noticias que hacían alusión a una droga de diseño de efectos terribles y a un par de muertes derivadas de su utilización. La “droga de la voluntad”, conocida también como “líquido de brujas”. Al parecer se sintetiza con relativa facilidad y es utilizada a menudo en episodios de violación.

¡Suena terrible!

Además, la víctima apenas recuerda nada y no opone resistencia.

¿Sería posible una novela negra si la víctima no fuera un pozo de secretos ocultos e inconfesables?

Sí, desde luego. Sólo hace falta pensar en las novelas negras en las que las víctimas de maltrato, secuestro o asesinato son niños completamente ajenos al trato que padecen. Una novela negra es un campo abierto. Aunque los especialistas hablan de patrones del género, la verdad es que la libertad creadora es absoluta. Sólo es necesario que la trama resulte creíble, tenga interés y esté correctamente estructurada y ambientada.

Supongo que, en el fondo, la novela negra tiene tanta pegada precisamente porque aspiramos a resolver los secretos de los personajes antes que el detective…

Sí, probablemente ese es uno de los motivos, desde luego, pero también la inclinación de los lectores por el lado oscuro de la vida. Un lado oscuro que todos preferimos conocer a través del negro sobre blanco y no en carne propia. La novela negra proporciona intriga, algo de morbo y, cada vez más y mejor, una buena aproximación a la sociedad que nos ha tocado vivir.

Y hablando de detectives, podría haber elegido a Escalona, protagonista de la serie de novelas que escribe con Pablo Bonell. Sin embargo, ha optado por otro protagonista, Enric Nasarre. ¿Necesitaba un cambio?

Como bien comenta, la serie protagonizada por Santiago Escalona es fruto de la colaboración con Pablo Bonell. El detective, su historia y su perfil, nos pertenece a ambos. No podía ni quería apropiarme de él. Por otra parte me interesó la idea de idear un nuevo policía, un hombre que se acerca a la jubilación y que con el tiempo no sólo ha acumulado experiencia y sabiduría, también una capacidad ilimitada para la empatía. Es Enric Nasarre.

¿Habrá más Nasarre en el futuro?

Sinceramente espero y deseo que sí pero, como bien sabe, no sólo depende de mí. Como autora los personajes protagonistas me gustan más cuanto más y mejor perfilados están. Las segundas y las terceras entregas de una saga consolidan el personaje en la mente del autor y en el imaginario del lector y es lo deseable. Autor y personaje crecen juntos. En estos momentos tengo muy avanzada una nueva investigación de Enric Nasarre que espero acabe por ver la luz.

¿Ha jubilado a Escalona?

Pablo Bonell y yo le hemos dado un descanso y publicamos dentro de un par de meses una novela de acción titulada Hombre muerto corre en la que el protagonista es un personaje bien diferente, un fugitivo por voluntad propia. Eso no quiere decir que hayamos olvidado a Escalona, personaje por el que seguimos sintiendo verdadera debilidad.

Cada vez más, la novela negra tiende a perfeccionar el trabajo de los sentimientos de los personajes y sus inquietudes existenciales: la frustración, el desengaño, la esperanza, el amor, la lucha por la felicidad. ¿En el caso de Sin causa aparente, cuáles son los sentimientos que dominan a los personajes?

La desolación, el desconcierto y una forma inasumible de culpabilidad, la de estar ciego, la de no haber visto ni previsto, la de no haber sabido comprender… La de Matías, cuya mujer se suicida un buen día sin que él haya percibido ningún síntoma de enfermedad, angustia o acumulación de preocupaciones, es una culpabilidad difusa, subjetiva e intransferible, pero culpabilidad al fin y al cabo.

En la novela consigue hacer que el lector se sienta atrapado de manera casi angustiosa por las emociones que sufre Matías tras el “golpe” sufrido. ¿Cómo se consigue eso?

Espero que así sea. Creo que sólo se consigue si el autor es capaz de sentir las emociones como propias, vestirse con la piel de cada personaje e imaginar cómo actuaría si se encontrara en su lugar. Creo que los escritores tenemos la facultad de hacer aflorar diferentes personalidades, una o varias para cada ocasión, somos una  especie de actores que sólo trabajan para sí mismos.

De la novela se extrae que nunca acabamos de conocer del todo nuestro mundo más inmediato. ¿Significa que es inevitable ser un tanto ingenuo o no es cosa de ingenuidad?

Creo que no se trata de ingenuidad. En definitiva todos tenemos secretos de mayor o menor calado, falseamos la realidad y mentimos a diario por conveniencia. Nunca acabamos de conocer a las personas y eso enriquece la vida. La gente, incluso la más cercana, conserva siempre la capacidad de sorprendernos. No sé si es deseable saberlo todo, absolutamente todo, de alguien.

¿El hecho de que, de vez en cuando, escriba novelas fuera del género negro, se debe a que es usted una escritora inquieta?

Se debe a que, a partir de una serie de detalles, acabas imaginando una historia que no siempre es una historia detectivesca. He escrito novela histórica, humor, novela negra, novela sin género concreto… Creo que, tal y como hace John Banville –Benjamin Black como autor de novela negra- el escritor puede alternar y escribir en cada momento lo que la imaginación le dicte y le permita.

Por cierto, España no va sobrada de autoras de novela negra… ¿tiene alguna explicación?

La verdad es que no la tengo, sin embargo recuerdo algunos nombres como Rosa Ribas, Alicia Giménez Bartlett o Cristina Fallarás… todas con una obra solvente.  En el ámbito internacional hay autoras muy conocidas que alcanzan ventas memorables como Asa Larsson, Fred Vargas, Ruth Rendell… En nuestro país cuesta muchísimo traspasar el umbral de anonimato y el hecho de tener una larga trayectoria no garantiza que ni los críticos ni los lectores se interesen por tu obra. Prefiero no hablar de discriminación, no tendría mucho sentido, quizás sí de una dificultad añadida.

Usted es una gran lectora de novela negra. Es inevitable preguntarle cuáles son sus autores predilectos.

Inevitable y fácil de contestar: Henning Mankell, Fred Vargas, Harlan Coben, Benjamin Black, Dennis Lehane… No en este orden, de hecho no podría establecer una prioridad.

 

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