Juan Marsé y Antonio Lobo Antunes

 

Cuando se juntan dos grandes voces de la literatura europea como la de Juan Marsé y la del portugués Antonio Lobo Antunes, dos hombres que siempre han mostrado su distancia ante la vacuidad y superficialidad de cualquier discurso, uno tiene la certeza de que el diálogo va a ser de altura. Con esa premisa, Marsé y Lobo Antunes se reunieron en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) para hablar de un tema extraño, excesivamente amplio y quizá inabarcable: la honestidad.

Me parecía una trampa, lo confieso, una especie de cebo para que ambos hicieran un ejercicio de honestidad, de la sinceridad que tanto caracteriza a ambos autores. Y, aunque algo hubo de teoría literaria, lo cierto es que la conversación acabó desembocando en un catálogo de anécdotas personales que sirvieron para demostrar el gran talante humano de Marsé y Lobo Antunes. ¿Debe ser honesto un escritor?, preguntaba el moderador del debate, Emili Manzano, a lo que respondía Marsé: “uno debe ser siempre honesto consigo mismo y con lo que escribe”. Y para ejemplificarlo, mencionó un caso conocido: “en los años sesenta, iba yo muy apurado de dinero, quería marcharme una temporada a París y entregué a Seix Barral una novela de la que solamente estaba seguro de un par de capítulos, el resto necesitaba una revisión a fondo”. “Ha sido la única vez que he hecho eso y, en cuanto pude, pedí retirar todos los ejemplares de ese libro”. Se refiere a Esta cara de la luna.

Lobo Antunes no podía estar más de acuerdo: “uno no escribe de forma honesta para el lector ni para el editor, sino para sí mismo, el libro primero tiene que gustar al autor”. Ambos son escritores alejados de la obsesión por vender más o menos libros –seamos honestos: no lo necesitan- y quizá por eso el escritor portugués se mostró crítico con aquellos autores eternamente enfadados que buscan culpar siempre a los demás de sus fracasos: “no hay nada peor que una persona amarga”, puntualizó en este sentido.

Lobo Antunes aprovechó para recordar que “el lector no puede notar nunca el trabajo del escritor, porque si lo hace, el libro está perdido”, idea que siempre ha defendido Marsé (y que Emili Manzano quiso ejemplificar con las conocidas declaraciones de Marsé sobre las novelas de Maria de la Pau Janer y Jamie Bayly en el Premio Planeta 2005). Los dos autores hablaron durante una hora y media sobre la honestidad en la literatura y también en la vida: “dijo un filósofo francés que en la desgracia de nuestros amigos hay algo que no nos es del todo desagradable, ¿eso es honesto o deshonesto?”, se preguntó Lobo Antunes. Una de tantas preguntas que se quedaron en el aire, imponiendo cortos pero intensos silencios en una sala del CCCB llena de personas que, como yo, queríamos aprender algo y aprendimos.

 

Manel Haro

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