La novela negra se está reinventando. Después de la fiebre Larsson, parecía que el fuego se apagaba, que todo había sido una moda pasajera, aunque intensa. Pero lo que parece que está ocurriendo es que se está abriendo una brecha en el género. Por un lado tenemos a aquellos que apuestan por tramas y personajes más clásicos: un detective algo triste, marcado por algún episodio del pasado, con buenos contactos en diferentes ámbitos (especialmente los bajos fondos), con determinadas debilidades (como el alcohol), con un carácter algo ambiguo… O sea, un detective que se sabe heredero de Kurt Wallander. Pero luego hay otro tipo de historias: los criminales no son los de siempre, puede que ni siquiera sean asesinos, y los que investigan ya no tienen que ser policías, ni detectives privados ni siquiera periodistas: son anónimos, personajes de diferentes extractos sociales que un día se ven envueltos en una trama de tensiones, de ambición y poder, de ajuste de cuentas.

Y en este segundo caso es donde vemos que sus autores no están haciendo un enorme favor al género negro: lo están ensanchando, diversificando y, en conclusión, están llegando a otro tipo de público no acostumbrado a las novelas de detectives. Un ejemplo podría ser el de Javier Marías, que en Los enamoramientos (Alfaguara) planteaba una historia de aquellas de contenido, de profundidad, de sentimientos, pero, en el fondo, una extraordinaria novela negra. Manuel Rivas, en Todo es silencio (Alfaguara) hablaba de otra cosa: del fracaso, los sueños incumplidos, la corrupción, la integridad… Y aquello era otra brillante novela negra. Y aquí viene un tercer ejemplo: No llames a casa, de Carlos Zanón (RBA).

En No llames a casa tenemos a tres atípicos protagonistas. Son un trío de extorsionadores: dos de ellos varones, violentos, aficionados a las drogas, ambiciosos; la tercera es una mujer comida por la mala vida, acostumbrada a estar a la sombra de los demás, especialmente de los hombres. Entre los tres han montado un negocio rentable: aposentarse cerca de algún hotel de citas, memorizar la matrícula de los coches que entran y salen, informarse del titular del automóvil y proceder al chantaje. A veces funciona y otras veces falla, pero, en general, la cosa les va bien. Claro que llega un momento en que se cruza un tipo que no tiene nada que perder y que está dispuesto no solo a aceptar el chantaje, sino a beneficiarse de él.

Zanón no habla de buenos y malos, sino de personajes débiles y muestra cómo esas debilidades se mezclan con las ambiciones para acabar estallando. Todo ello en una Barcelona canalla, de bares baratos, de noches callejeras, de drogadictos y mujeres consumidas de seducción fácil. Un mundo de seres derrotados. Y así, Zanón habla de otras cosas que no tienen que ver con el delito, sino que el delito no es más que una consecuencia lógica de la derrota. Autores como Zanón ayudan a mostrar que el género negro todavía tiene territorios por explorar. No llames a casa es una magnífica propuesta para descubrirlos.

Oriol Girona

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No llames a casa / Carlos Zanón / Editorial RBA / 1ª edición, enero de 2012 / 288 páginas / ISBN 9788490061473

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