El Cementerio de los Libros Olvidados, que inventó Carlos Ruiz Zafón en La sombra del viento, existe. Quizá no físicamente, pero desde luego sí en el imaginario de miles de lectores. Es ese espacio donde van siendo enterrados los libros que una vez significaron algo, pero que el tiempo ha ido borrando de nuestro patrimonio literario. Afortunadamente, en ese cementerio no entran los libros para ser olvidados del todo, sino que, cada vez más, pasan para que algún editor los haga resucitar en el futuro.

Un ejemplo de esta labor es La fuente enterrada, de Carmen de Icaza, que en 2009 recuperó BackList. Icaza (1899-1979), baronesa de Claret, era hija de diplomático y embajador de México en distintos países de Europa durante el período de entreguerras. Esto provocó que la autora se educara en diferentes culturas y aprendiera inglés y alemán a la perfección, lo que facilitó que más tarde pudiera ejercer como corresponsal para varias publicaciones españolas. También estuvo al mando de la Oficina Central de Propaganda del Auxilio Social.

Pero sobre todo, Carmen de Icaza era escritora. La fuente enterrada fue publicada en 1947, dos años después de que la autora fuese considerada como «la novelista más leída del año» por el gremio de libreros de Madrid. En esta novela, hace gala de una gran sensibilidad y un profundo conocimiento del universo femenino de la época. Irene Quiroga es la protagonista, una mujer que, siendo joven, vivía marcada por la dura disciplina de su acaudalada tía y por los sueños de ser algún día feliz. Esa felicidad le llegó cuando un hombre algo mayor que ella, un popular escritor, se  cruzó en su camino. A pesar de la negativa inicial de su tía, las expectativas de ganar prestigio social hicieron que el enlace finalmente se llevara a cabo. Pero cuando el matrimonio se establece en Madrid, la dura realidad le estalla en la cara.

Allí se enfrenta a las manías de la alta sociedad madrileña de los años treinta y cuarenta, demasiado preocupada por las apariencias y las habladurías. Irene se ve insertada en la vida de su marido, un escritor cada vez más conocido, donde es víctima de las ambiciones y falsedades de sus colegas de letras. Irene es demasiado débil para soportarlo, pero su esposo parece dispuesto a deshacerse de cualquier contratiempo que lastre su carrera y sus intereses personales.

Icaza, gran conocedora de los ambientes literarios de la época, muestra la aventura vital de una mujer que, desde niña, lucha por deshacerse de las cadenas que impiden su estabilidad. La rodean hombres egoístas y mujeres despiadadas, aunque también encontrará alguna amistad que la ayudará en su batalla personal. Uno de los aspectos más destacables de la novela es la reivindicación que Icaza hace (en 1947) del derecho de toda mujer a ser feliz, a ser respetada por su marido, a ser querida por sus hijos, a tener debilidades y, sobre todo, a no conformarse con menos de lo que se le prometía. La autora no se inventa una historia idealizada, sino profundamente realista, dura, trágica, gris; una novela sobre un personaje que nace y vive siendo  víctima de su destino. Dicho de otro modo, la autora se alía con su protagonista, pero no le da concesiones.

La fuente enterrada es una magnífica novela, un torrente de sentimientos contenidos, un ácido análisis del universo femenino de los años treinta y cuarenta que mucho debió conmover a las lectoras de aquella época. Pero, sobre todo, es una obra que, olvidándola, dejaba incompleto el patrimonio literario español del siglo XX.

 

Oriol Girona

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La fuente enterrada / Carmen de Icaza / Editorial BackList / 1ª edición, febrero de 2009 / 352 páginas / ISBN 9788408085355

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