Después de tanto bombo y platillo sobre Libertad, de Jonathan Franzen, tenía ganas de quedar extasiada por la lectura. Una “gran novela americana”, se ha podido leer hasta la saciedad en los medios, así como que Barack Obama la leyó y que la todopoderosa y mediática Oprah Winfrey había situado Las correcciones, la anterior obra de Franzen, y, posteriormente, Libertad, libros del mes en su club de lectura (y, como pueden imaginar, no se trata de una reunión de amigos en una biblioteca de barrio, ya que el de Winfrey es uno de los históricos programas con más audiencia de Estados Unidos).  

Libertad es el retrato de una familia americana a lo largo de los años. Patty, la madre, antigua jugadora (y líder) de baloncesto en la universidad con un futuro prometedor en la cancha que decidió apartar para ser una perfecta esposa, madre y ama de casa; Walter, un tipo de orígenes humildes pero consolidado ya dentro de la clase media americana, preocupado por la superpoblación y el medio ambiente; Joey, el hijo rebelde de ambos, de ideales políticos contrarios a los de su padre, independiente, en ciertos momentos insensible, agobiado de la convivencia en su casa, con debilidades a las que no puede renunciar; Jessica, la otra hija, responsable, un modelo a seguir para las adolescentes del barrio, inteligente, pero carente de la atención de una madre demasiado obsesionada con su hijo varón.

Precisamente Jessica es uno de los personajes que menos atención recibe también por parte del autor, Jonathan Franzen, quien prefiere centrar su mirada en Joey (uno de los más apasionantes de la novela), Walter, Patty y Richard, viejo amigo de Walter, solitario, mujeriego, puntual estrella de rock, mal gestor de sus ingresos y abocado a dejar su vida fuera de control. La novela va reflejando la evolución de los personajes de forma autónoma, pero también en relación entre ellos: Joey se nos presenta como un niño impertinente, malcriado, harto de que su madre esté demasiado pendiente de él y a la defensiva ante la autoridad de su padre; pero luego, Joey toma la decisión de irse a vivir con sus vecinos republicanos, su mentalidad cambia, se vuelve un joven todavía más solitario, paso previo a la auténtica transformación que experimentará. La relación entre Walter y Patty parece ideal en el barrio donde viven, él con un buen trabajo, ella una excelente ama de casa que hace bizcochos para sus vecinos y no le importa que no le devuelvan el recipiente, con dos hijos pequeños. Pero no pasan demasiadas páginas, para que la relación vaya variando de rumbo.

Todos ellos son víctimas de la libertad de sus propios actos. Son dueños de sus vidas, responsables de sus actos, pero andan desorientados y se equivocan, se alejan entre ellos pero se necesitan. Franzen ha creado personajes fuertes, sólidos, y son, sin lugar a dudas, lo fundamental de la novela. En la primera parte del libro, se van sucediendo situaciones que hacen que estemos pendientes de esa familia. Franzen nos cuenta que algo ha pasado con los Berglund y que nadie esperaba y, a partir de ahí, asistimos a una reconstrucción de los hechos: algo así como… con lo felices y responsables que parecían y vean qué ha ocurrido.

Pero en la segunda parte de Libertad, el ritmo se vuelve demasiado inconstante: dedica excesivas páginas a hablar de un tipo de ave amenazada por la deforestación y la superpoblación, o a tratar cuestiones de intereses empresariales que podrían haberse limado (cuando una novela tiene casi setecientas páginas, determinados pasajes pesan cuando una lleva quinientas leídas). Sin embargo, después de dedicarle todo el tiempo del mundo a la psicología de los personajes, Franzen hace que en la recta final, los cambios emocionales y de conducta de esos mismos personajes sean tan precipitados, que toda la fuerza ganada anteriormente se va deshinchando, poco a poco, hasta llevarlos a un desenlace demasiado forzado. No veo en Libertad una gran novela americana, sino una novela que habla de una familia estadounidense con problemas (algo alejado de ser un retrato de la clase media del país, como apuntaban algunos). Perfectamente introducida y planteada pero, a partir de la mitad, densa, hinchada e incluso sobrevalorada.

Mia Boix

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Libertad / Jonathan Franzen / Editorial Salamandra / 1ª edición, 2011 / Trad. de Isabel Ferrer / 672 páginas / ISBN 9788498383973

Llibertat / Jonathan Franzen / Editorial Columna / 1ª edición, 2011 / Trad. de Josefina Caball / 816 páginas / ISBN 9788466413411

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