Chan Koonchung nació en Shanghai pero creció en Hong Kong, país, además de Taiwán, donde publicó su novela Años de prosperidad (Destino en castellano y La Campana en catalán). En ella, Koonchung hilvana un trama futurista (aunque próxima en el tiempo, puesto que los hechos ocurren en 2013) centrada en la figura de Chen, un escritor taiwanés que vive en Pekín (donde actualmente reside el autor). China parece vivir al margen de la crisis económica y mira con orgullo la inestabilidad internacional. Pero Chen ve, de repente, que ese entusiasmo no acaba de encajar con lo que él percibe. Dos viejos amigos de su época estudiantil le darán la clave de lo ocurrido: poco después de iniciarse la crisis internacional, un mes entero desapareció de los recuerdos de la población; un mes en el que el país experimentó rebeliones, saqueos, escasez de alimentos y una dura ley marcial. La crítica ha comparado Años de prosperidad con 1984 de Orwell o Un mundo feliz de Huxley.

 

El autor, a su paso por la Casa Asia de Barcelona / Foto: M. Haro

 

“En China es el Estado quien decide quién es disidente y quién no, no es algo que dependa de uno mismo”

 

Manel Haro. Barcelona

En la novela, un escritor se da cuenta de repente de que China no es un lugar tan idealizado como pensaba. ¿En qué momento usted, como autor, vive el mismo proceso de comprobar que no vive en la China que creía?

Diría que fue en 2005 o 2006 cuando tuve ese mismo cambio de percepción respecto a China. Antes de eso, los que vivíamos en Hong Kong o Taiwán siempre pensábamos que íbamos por delante de China, pero en 2008 nos dimos cuenta de que China estaba delante de todo el mundo. Ni tan solo nos habíamos dado cuenta de cuándo nos había pasado por delante. De repente, la gente empezó a decir que los chinos eran líderes, que se abrían camino. Vimos entonces de que la percepción que teníamos estaba cambiada.

¿Cómo surge la idea de canalizar ese cambio de perspectiva a través de una novela?

El 2008 fue muy importante porque fue el año en el que sentí que la mentalidad de los chinos había cambiado, sobre todo entre los jóvenes. Tuve una impresión tan fuerte, que en enero de 2009 empecé a escribir la novela y la acabé seis meses en acabarla. Mi intención era compartir mi visión de China con mis amigos intelectuales de Pekín, porque no son fáciles de complacer, siempre están discutiendo sobre cómo es China en la actualidad.

¿Para ser un thriller futurista e incluso una obra de ciencia ficción, no le parece curioso que se destaque la actualidad de su novela?

Lo cierto es que yo quería escribir sobre lo que había visto en 2008 y en lo que China se había convertido, pero no estaba seguro de que la sociedad estuviese de acuerdo con mi perspectiva. Por esa razón, preferí centrar la trama en 2013, una fecha cercana, para introducir libremente elementos de ficción, pero también para transmitir mis sensaciones de cómo el país se estaba transformando desde entonces. Sí, pretendía hacer una novela realista en un tiempo futuro y por eso los lectores la catalogan de ciencia ficción o thriller futurista, pero siempre gira todo en torno al presente, porque es una novela del presente.

Su novela se publicó en Hong Kong porque en China no hubiese pasado la censura… Sin embargo, los chinos están descargando su libro masivamente en Internet y lo han convertido en un éxito allí.

China está llena de contradicciones y eso hace justamente que sea muy difícil decir con pocas palabras qué es China actualmente. Hay personas que están decididas a recordar el pasado, un pasado que es diferente de la versión oficial, y muchas veces eso comporta problemas. Muchos chinos necesitan dar voz a sus recuerdos del pasado, pero el Estado quiere tener una versión más coordinada, su propia versión oficial para que pueda justificar y legitimarse, porque eso les ayuda a mantenerse en el poder y monopolizarlo. Por eso, esta novela no se podía publicar en China.

¿Cómo se difundió en China la noticia de que se había publicado su libro en Hong Kong y Taiwán?

Ningún editor chino se atrevió a publicarlo después de leerlo, pero la prensa china sí informó sobre su publicación en Hong Kong y Taiwán, lo que hizo que el interés de los chinos fuese aumentando. Cuando los censores prohibieron hablar del libro, la gente ya estaba discutiendo sobre ello en la calle. Alguien lo colgó en Internet y salvó el cortafuegos de la censura, y aunque luego lo borraban, siempre había personas que lo volvían a colgar en otra web o lo enlazaban en blogs, por lo que la difusión no se ha detenido.

¿Cree que la propaganda estatal está perdiendo eficacia?

El poder tiene que eliminar determinadas visiones o evitar que emerjan y se divulguen nuevas perspectivas, pero hay gente muy decidida a romper esa barrera. Sin embargo, diría que la propaganda estatal ha tenido bastante éxito y cada vez hay más gente que piensa que quizá el Estado tiene razón, que no hay más versión que esa; que sí, que hubo errores, pero que hay que seguir adelante. Cada vez hay más chinos dispuestos a conformarse con la versión oficial. Pero también ocurre lo contrario.

¿La publicación del libro le ha traído problemas en China?

Hasta ahora no, al menos que yo sea consciente.

¿Cómo lo explica?

El disidente Liu Xiaobo, al que le dieron el Nobel de la Paz, estuvo once años en prisión por expresar su opinión. No sé qué razón hay para pactar mi situación, porque en China, para ser disidente o no serlo, no depende de ti, depende del Estado. Es decir, es el Estado el que decide si perseguirte o no y, por tanto, llamarte disidente o no. Antes de que eso ocurra, tú no eres más que una persona que simplemente está expresando su punto de vista. Supongo que el hecho de que la novela sea futurista y que no se haya publicado en China han hecho que las autoridades miren hacia otro lado. Las autoridades han sido selectivas y a mí me ha tocado que no me hagan nada.

¿Tiene la sensación de que Occidente, al mantener vínculos con China, es cómplice de la violación de los derechos humanos que se cometen allí?

El mundo occidental no es un bloque monolítico. Hay una parte importante de la sociedad civil internacional que no ha dejado de insistir en la importancia de los derechos humanos y no creo que Occidente pueda cambiar China solamente boicoteándola. ¿Acaso han podido con Corea del Norte? En el caso de China, en los últimos treinta años había habido una mejoría en cuanto a los derechos humanos, porque al menos ahora la represión es más selectiva y antes era más ruda, brusca y con menos escrúpulos. China no ha querido ser percibida como un Estado sin ley y malvado, y esto ha hecho que cambien algo las cosas dentro del país. Esta implicación de Occidente ha transformado China, pero, desgraciadamente, esta situación empeoró en 2008, después de años de mejora.

¿Por qué la situación de los derechos humanos ha empeorado ahora en China?

China invirtió mucho dinero en hacer que la sociedad pareciera harmoniosa, pero a partir de 2008, empezaron a surgir versiones que contradecían la del Estado. Un ejemplo de lo que ocurre: un disidente estuvo durante mucho tiempo bajo vigilancia en el distrito A de Pekín, donde trabajaba, hasta que los del distrito B lo secuestraron, lo llevaron a la cárcel durante días y allí le partieron la espalda. La razón era que estaban tan obsesionados con ese disidente, que los de la vigilancia de un distrito le robaron el caso al otro para justificar su propia existencia.

Me deja sin palabras…

Esperemos que gente valiente como Liu Xiaobo o Ai Weiwei den una lección a China sobre lo que no se puede hacer.

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