Rosa Ribas y Sabine Hofmann escriben a cuatro manos y en dos lenguas / Foto: Gustavo Pérez-Rodríguez Terminel

 

Escribir este diario nos ha hecho abrir de nuevo los primeros cuadernos de apuntes en los que anotamos las ideas iniciales, nombres, lugares, posibles tramas… Sólo una cosa falta.

− ¿Apuntaste la fecha? Yo no.

− Yo tampoco. Pero fue en otoño.

− En 2010 fuimos a Barcelona. A BCNegra. Entonces ya trabajábamos en esta novela.

− Entonces empezamos en otoño de 2009.

− Llevamos dos años.

Los primeros apuntes los tomamos en el café Kante en Frankfurt. Nos sentamos en la mesa del fondo a la derecha, debajo del espejo, eso lo recordamos perfectamente. Podríamos decir también que nos acordamos del ruido atronador del molinillo del café, pero la verdad es que eso no hace falta recordarlo porque ese ruido es una de las constantes del café. Dos tazas y dos cuadernos sobre la mesa.

Ahora pasamos las primeras hojas de los cuadernos y nos encontramos con palabras y frases que nos evocan cómo empezamos, que nos muestran también las ideas que cayeron por el camino y las que siguen desde el inicio. Por eso hemos decidido que no vamos a llevar un diario cronológico, sino que tomaremos algunas de estas palabras y frases como punto de partida para contar cómo ha sido y es nuestro trabajo. “Barcelona”, aparece. A su lado, tachados, otros nombres de ciudades. ¿Por qué Barcelona? ¿Por qué no Frankfurt, o Berlín o Bochum? ¿Y por qué la Barcelona de los años cincuenta? Lo contaremos en una próxima entrega de este diario. Seguimos hojeando los cuadernos y marcamos otras palabras sugerentes mientras que también descubrimos anotaciones que no conseguimos descifrar porque no recordamos a qué se refieren.

− Un par de las tuyas, Rosa, ni siquiera se pueden leer. ¡Vaya letra!

− Cierto. Ni yo sé qué dice aquí. Pero, mira, esto se entiende perfectamente.

− Dos protagonistas.

Y, con todo, sólo nosotras podemos entender que esto quiere decir dos mujeres. Porque sabíamos desde el principio que queríamos dos mujeres protagonistas. También que cada una iba a escribir en su idioma. Ni siquiera lo apuntamos porque lo teníamos tan claro que nunca lo discutimos. No es la primera vez en que lo hacemos. Ya escribimos una novelita “privada” hace unos años. ¿Qué es esto de una novela privada? Es una novela que escribimos para regalar a una persona, una novela de la que existe una única copia. Una novela sobre Nebrija en la que había textos en alemán y textos en español. Ya puestas a presumir un poco, los textos en español eran en español moderno y en una bastante correcta imitación del español del siglo XV. En una próxima entrega de este diario contaremos cómo nos organizamos para escribir en dos lenguas, pero ya podemos adelantar que tener DOS protagonistas es consecuencia directa de escribir en dos lenguas.

La lengua tiene un rol esencial en este proyecto. Como en cualquier obra literaria, dirán algunos. Por supuesto, pero es que la lengua es determinante en el perfil de las protagonistas, ambas relacionadas con la palabra. Una, Beatriz, es filóloga; la otra, Ana es periodista.  Dos personalidades, dos conceptos del mundo, dos aproximaciones a la lengua también. Diacronía para Beatriz, sincronía para Ana. También la reflexividad del estudio y la lectura reposados, frente al texto funcional, apresurado en algunas ocasiones; la biblioteca es el lugar de una, la calle el de la otra.

Escribir sus respectivas biografías fue una de las primeras tareas. Cada una elaboró su protagonista, le dio una historia que, dada la época, tenía un antes y un después de la guerra. Le formó una personalidad, la rodeó de otras personas, le dio casa. Y le dio un cuerpo y un rostro. Nuestros personajes interactúan, se ven mutuamente; por esa razón, nosotras tenemos que “verlos” de la manera más próxima posible a la imagen que tiene su creadora en la mente, del mismo modo que necesitamos ver sus gestos o su ropa y escuchar su voz. Este tal vez es uno de los rasgos que caracteriza más el trabajo a cuatro manos: una tiene que hacer explícitas y palpables sus ideas, para que la otra pueda trabajar con ellas. Por lo que se refiere a los personajes recurrimos a las fotos. Buscamos hasta encontrar fotografías que se aproximaran al máximo a la imagen mental del personaje. No sólo de las dos protagonistas, sino también en el caso de todos los secundarios, tanto los que por su relevancia aportan puntos de vista propios como aquellos que sólo aparecen ocasionalmente. Nuestra galería de fotos permanecerá fuera de la vista, no queremos imponer a ningún lector una imagen fija de los personajes, pero sí podemos decir que en ella se encuentran familiares, compañeros de trabajo, actores, escritores…

Beatriz y Ana nacieron sobre el papel y han ido creciendo en las páginas de la novela, superando sus biografías hasta convertirse en nuestras acompañantes durante el tiempo que llevamos pensando y escribiendo esta novela. Cerramos aquí de momento los cuadernos de notas y regresamos al mundo de nuestras dos protagonistas. Volveremos en breve por aquí.

Rosa Ribas y Sabine Hofmann

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Archivo: Sabine Hofmann todavía no tiene obra traducida en España. A continuación podéis acceder a las novelas de Rosa Ribas.

Primera entrega del diario de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

– Crítica de Con anuncio, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

– Crítica de La detective miope, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

– Crítica de En caída libre, Rosa Ribas (Editorial Viceversa)

– Entrevista con Rosa Ribas, sobre En caída libre y La detective miope

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