El género juvenil está viviendo una de sus épocas más doradas y a éxitos internacionales como la saga Crepúsculo o el sempiterno Harry Potter, hay que sumar una producción nacional que viene impulsada por jóvenes talentos que han crecido sabiendo a la perfección lo que pide el mercado (o, al menos, los lectores). Versátil, una editorial que parece moverse como pez en estas aguas, está aportando escritores noveles y muy jóvenes que han cautivado inmediatamente al público juvenil. Este sello, que ya descubrió a Javier Ruescas (Madrid, 1987) con la trilogía Cuentos de Bereth, publica ahora Hojas de Dedalera, la primera novela de Victoria Álvarez (Salamanca, 1985), una autora que pone tanta pasión en la literatura como precisión en lo que dice. 

Hojas de Dedalera arranca con el despertar de la niña Annabel Lovelace, quien duerme en un ataúd  porque su tío, con quien vive, es el guarda del Cementerio de Highgate (Londres). Allí es donde descubre su habilidad para comunicarse con los muertos, quizás gracias a la enfermedad cardiaca que la obliga a vivir entre la vida y la muerte. Años más tarde, una serie de misteriosas casualidades la convertirán en la médium más influyente del Imperio Británico. Sin embargo, su don la llevará a descubrir secretos que deberían haber permanecido ocultos y que pondrán en jaque a la aristocracia londinense.

 

La autora publica en Versátil su primera novela

 

 

“Gracias a Internet, hoy podemos investigar desde el salón de casa los crímenes de Jack el Destripador”

 

Manel Haro. Barcelona

El libro arranca con el cementerio de Highgate de Londres, ¿por qué cree que nos seducen tanto los cementerios en literatura?

Porque muestran mejor que ningún otro lugar cómo las personas se encuentran en un plano eternamente situado entre la vida y la muerte. Son rincones completamente evocadores en los que, si uno está dispuesto a prestar atención, pueden escucharse las voces de miles de hombres y mujeres que se han marchado antes que nosotros. No creo que haya que considerarlos unos lugares tétricos. Muchos resultan más poéticos y evocadores de lo que pueden imaginar las personas que no los han pisado, como sucede precisamente con el de Highgate.

¿Y por qué elige este cementerio y no otro? 

Highgate fue considerado en el mismo siglo XIX un renombrado lugar de enterramiento para la clase acomodada, y los monumentos y esculturas funerarias que se encuentran en sus dos sectores se cuentan entre los más hermosos de toda Inglaterra. Además tengo ciertas implicaciones sentimentales con este enclave por ser el lugar de descanso eterno de personas que admiro profundamente como la modelo y artista prerrafaelita Elizabeth Siddal, cuya historia es sin duda una de las más románticas de Highgate. Estas mismas razones son las que me llevaron a unirme ala Friendsof Highgate Cemetery, la asociación que en la actualidad se encarga de velar por su cuidado y conservación.

Se la ve convencida… 

Es que tiene una atmósfera absolutamente mágica, bañada en una luz verde que casi da la sensación de hacernos caminar en un sueño. No cuesta nada imaginarse los aparatosos cortejos funerarios de la época victoriana recorriendo los senderos de Highgate para que los hombres y mujeres pudieran brindarles su más sentido adiós a sus seres queridos.

¿Cómo surge la idea de la novela?

Surgió en enero de 2009 cuando decidí escribir una historia de amor sobrenatural en la que uno de los dos protagonistas estuviera muerto mientras el otro seguía vivo. Siempre me ha interesado mucho el tema de los fantasmas, y la Inglaterra victoriana en la que el espiritismo causaba furor a finales del siglo XIX y principios del XX me pareció un marco inmejorable para ambientar esta novela.

¿Se deduce entonces que había mucho interés por el espiritismo en esa época?

Muchísimo. Era uno de los pasatiempos preferidos de la aristocracia, y una prueba de cómo la tecnología no lo era todo en este momento de transición entre dos siglos. Las preguntas trascendentales como “¿Qué hay después de la muerte?” o “¿Volveré a hablar con mis seres queridos?” no habían abandonado al ser humano. Daba lo mismo que la ciencia hubiera experimentado unos avances increíbles; para estas preguntas todavía no se tenían respuestas, y la gente debía recurrir al espiritismo para tratar de desvelar los secretos de lo que les esperaba en el Más Allá, en el Otro Lado.

¿El espiritismo era un mundo de mujeres?

Era un mundo dominado por las mujeres, aunque también hubo importantes médiums masculinos en la Inglaterra victoriana. Tradicionalmente se nos ha considerado más sensibles y espirituales, y por lo tanto más proclives a experimentar cualquier clase de contacto sobrenatural mientras que los hombres tenían a gala dejarse guiar únicamente por la razón. Así que estaríamos hablando de una especie de pequeños matriarcados en los que las mujeres gozaban de una libertad de la que muchas veces se las privaba en sus propios hogares, tanto si desempeñaban el papel de médium como el de espectadora.

Después de una época de zombies, ángeles caídos, brujos y brujas… decide irse a los fantasmas y al mundo del espiritismo. ¿Necesitaba un cambio como lectora o como escritora?

La verdad es que no me lo planteé como un cambio consciente. Me apetecía escribir sobre fantasmas porque estaba un poco cansada de que todas las historias de amor sobrenatural estuvieran protagonizadas por las mismas criaturas. Lo que sucede es que resulta muy complicado manejar a personajes que están muertos a lo largo de toda una trama porque no pueden interactuar con los demás como lo harían, por ejemplo, un vampiro o un hombre lobo. Existen una serie de limitaciones con las almas en pena que lo que consiguen en el fondo es humanizarlas de manera que los lectores comprendan lo mucho que echan de menos las cosas que dejaron atrás. Me parecía interesante escribir sobre alguien que aprende a valorar su antigua existencia al enamorarse de una persona que aún se encuentra con vida, mientras que él hace tiempo que ha dejado de respirar.

En la novela se va de los prostíbulos de Whitechapel a los salones de Buckingham Palace. En principio son mundos totalmente alejados. ¿Demuestra que no lo estaban tanto?

No creo que lo estuvieran, aunque la doble moral tan propia de la época victoriana se empeñara en mantener las apariencias a toda costa. En el caso de Hojas de Dedalera la protagonista consigue escalar de las capas más bajas de la sociedad a la mismísima corte de la reina Victoria, codeándose con una aristocracia que se convertiría con el paso de los años en su mejor clientela. No obstante, su pasado nunca deja de perseguirla, y la amenaza de Jack el Destripador planea sobre su cabeza durante toda la trama sirviéndole como un recordatorio constante de cuál es la capa de este mundo a la que realmente pertenece.

¿Por qué nos resulta tan atractivo un asesino como Jack el Destripador?

Por el misterio que lo rodea, sin duda. Por el hecho de que ser incapaces de desvelar el secreto de su identidad lo haya convertido en un personaje de leyenda. El Destripador siempre estará asociado al Londres de la niebla, los coches de caballos y los callejones siniestros envueltos en la oscuridad. No creo que lleguemos a descubrir nunca de quién se trató, aunque estoy segura de que se seguirán publicando muchos más estudios sobre este tema que conseguirán elevarlo cada vez más a la categoría de mito contemporáneo.

Al menos, escribiendo esta novela, ¿siente que sabe algo más de él?

He tenido que recopilar mucha información sobre sus asesinatos para comprender de primera mano cómo era la vida de las prostitutas de Whitechapel con las que acabó. Lo más duro fue tener que estudiar las fotografías post mortem de sus cinco víctimas. Hoy en día, gracias a Internet, tenemos al alcance de la mano todos los documentos que se recopilaron sobre este caso en concreto, y cualquier persona puede tratar de investigar desde el salón de su casa lo que sucedió en el Otoño del Terror, accediendo a los mapas de Scotland Yard, las declaraciones de los vecinos de Whitechapel a los que se interrogó y hasta las cartas enviadas por el propio Destripador a la policía londinense. Además he tenido la oportunidad de disfrutar releyendo novelas ambientadas en este mismo marco histórico como El mapa del tiempo de Félix J. Palma y La ciudad de la bruma de Daniel Hernández Chambers. Ambos llevaron a cabo una excelente labor de documentación sobre las circunstancias en las que se produjeron estos crímenes y las repercusiones que tuvieron en Londres, tanto en las clases acomodadas como entre los más desfavorecidos.

¿Eligió el género gótico porque llega mejor al lector juvenil?

Creo que me decidí a escribir novela gótica porque es lo que siempre me había gustado leer. Desde los dieciocho años he estado jugando con tramas y elementos característicos de este género, y Hojas de Dedalera viene a ser la culminación de las novelas anteriores [inéditas] en las que traté de explorar temas como el amor más allá de la muerte. La atracción que despiertan estas historias entre los lectores jóvenes puede deberse al deseo de escapismo que recorre buena parte de la literatura, el afán por superar la realidad cotidiana que en muchas ocasiones puede resultarnos demasiado prosaica. De todas formas yo siempre he pensado que no se debería hablar de novelas únicamente para adultos ni únicamente para jóvenes. Hay obras que pueden ser disfrutadas por un amplio abanico de lectores.

Veo su novela un tanto Timburtoniana (un poco La novia cadáver, un poco Sweeney Todd…). ¿Es casualidad?

Supongo que no. Tim Burton es mi director de cine preferido, además de una persona con un imaginario realmente envidiable. Es capaz de darle a cualquiera de sus creaciones su sello personal, ese toque que hace que nada más ver un fotograma pensemos: “¡Esto es de Tim Burton!” Tengo prácticamente todas sus películas y nunca me cansaré de visualizar las que más me atraen, como Sleepy Hollow, Eduardo Manostijeras y La novia cadáver. Como creador no tiene parangón.

¿Y qué me dice de usted? ¿A qué se dedica ahora mismo?

Ahora estoy descansando después de haber puesto punto final a una novela que he estado escribiendo durante todo el verano, ambientada a comienzos del siglo XX en un universo de fuerte sabor steampunk. Cuando no estoy trabajando en mi tesis doctoral me dedico a leer a autores como Oscar Wilde, Jane Austen, Charlotte Brontë, Wilkie Collins, Anne Rice, J. K. Rowling, Carlos Ruiz Zafón… También me apasiona la música, viajar siempre que puedo y pasar mi tiempo libre con mis amigos.

Su tesis doctoral gira en torno a la literatura artística del siglo XIX. ¿Ha tenido algo que ver en la elección del eje argumental de su novela?

Ha sido más bien mi amor por el siglo XIX lo que me hizo decantarme por esta época a la hora de ambientar mis novelas y de escoger un tema para mi investigación. Las dos cosas pueden complementarse perfectamente; gracias a mi tesis he podido aprender muchas cosas sobre la literatura artística de la época romántica que me han sido de lo más útiles a la hora de redactar Hojas de Dedalera. Es una manera de unir en una sola mis dos grandes pasiones: la literatura y el arte.

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