El dúo de Baltimore en Sidecar / Foto: Santi Justel

 

Andy Stack luce entrañables pintas nerd (estilo Alexis Taylor, de Hot Chip), y toca la batería y el teclado a la vez. Andy Stack parece llevar la cordura del dúo, el control minucioso en escena. La parte desgobernada -en cierta medida- la pone Jenn Wasner: la otra mitad de Wye Oak se desmelena, canta con ojos entreabiertos y toma chupitos entre canción y canción. Nos seduce y nos flirtea desde el escenario porque sabe que su voz nos excita, sobrecoge, cautiva y estremece. Wye Oak son explosiones de guitarra que siguen a brevísimas e inquietantes pausas. De la tranquilidad al ruido estrepitoso en cuestión de milésimas de segundo. Y ahí es cuando se ganan los pelos de punta del auditorio.

Detrás de su voz dulce y su mirada angelical no es fácil intuir que hay un golpe salvaje. “Oh baby you are a child -canta Jenn en el tema Take It In-, you fall asleep and I get wild”. En escena Jenn pone el ramalazo rocker mientras Andy sustenta el rollo indie más pausado. Sea como fuere, la mezcla -en directo- resulta chocante además de explosiva. O al menos así lo fue ayer en Sidecar. Viendo el desarrollo del concierto, y haciendo stop en el momento en que la Señorita Wesner comenzó a beberse el vino a morro, imaginé que si alguno de los dos arropaba y mimaba al otro tras una probable indigestión de jägermeister después de algún concierto, ese era Andy, a quien ya visualizaba esa misma noche arrastrando a Jenn en dirección al hotel.

Los de Baltimore hicieron una hora de concierto, con temas de sus tres trabajos largos, sobre todo del último (Civilian, 2011). “Holy holy, Take it in, Hot as day, I hope you die…” y para cerrar una versión del tema Strangers de The Kinks. El dúo desplegó su punto folk, su puntazo de dream-pop, su escandaloso noise y su flagrante atmósfera shoegaze. Y a pesar de ser martes y de encontrarse con un público cálido -pero aún en actitud de martes- Wye Oak terminaron aplaudiendo a los allí presentes y afirmando no haber tenido una audiencia así en mucho tiempo.

Decía Pedro Almodóvar sobre Derribos Arias (uno de los grupos más maravillosos de los 80) que lo mejor que tenían era ese factor sorpresa que acompañaba sus directos. Evidentemente, lo de Wye Oak no es ni parecido (en un concierto de Derribo Arias podía pasar que de pronto decidieran dejar de tocar y abandonar el barco), pero ayer, en el momento en que el dúo interpretó/improvisó un tema con sus teloneros (The Callers) admitiendo previamente haber tenido la idea minutos antes de que comenzara la función, la satisfacción de haber comprado la entrada se olía en el ambiente. Y con cierta prisa, el personal comenzó a hurgar en sus bolsos y bolsillos en busca de smartphones y derivados para inmortalizar el momento. Wye Oak no sólo sorprendieron a los allí presentes por este cameo. También lo hicieron por una puesta en escena que establece cierto paralelismo entre ellos mismos y su música: estruendo y dulzura, calma y ruido, frenesí y sosiego.

Alicia Álvarez Vaquero

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