Steven Spielberg dirige la primera entrega de las películas de Tintín y Peter Jackson confirma que se hará cargo de la segunda

 

Tiene cara de niño, pero se mueve y piensa como un adulto curtido en mil batallas. Es inteligente, sagaz, incluso hábil en el cuerpo a cuerpo. Ejerce de reportero, pero de un tipo de periodismo que ya no se estila: el de la calle, el de aquel que es capaz de tirar del hilo de cualquier detalle en apariencia insignificante y, de ahí, ¡zas!, el salto a las grandes aventuras. Un periodista al que pocas veces vemos escribiendo, pero que, en cambio, sabemos que lo hace bien y que tiene una indiscutible repercusión. Pero esta vez, incluso le vemos su lado más humano; tanto, que hasta podemos apreciar las líneas de expresión que rodean sus ojos. Tintín nunca fue más humano.

Steven Spielberg ha conseguido lo que parecía una tarea complicada: llevar al cine un clásico del cómic, conservando su esencia, pero dotándolo de nuevos aires para el público del siglo XXI. Y el resultado uno lo empieza a ver en los primeros segundos de película, cuando aparece el primer personaje, y uno sufre una especie de lapso: ¿esto era animación o es que los maquilladores son muy buenos? Estúpido despiste (¡todos sabíamos que era animación!), pero esta confusión sirve para valorar desde el principio el realismo que Spielberg buscaba dar a los personajes y que, sin ningún atisbo de dudas, ha conseguido. El siguiente pensamiento, por cierto, fue: ¿llegará el día en que los actores ya no sean necesarios en el cine? Barbaridad, probablemente, pero el futuro está a la vuelta de la esquina.

Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio adapta el cómic homónimo de Hergé y el de El tesoro de Racham el Rojo, publicados originalmente entre 1942 y 1944, y que ahora recoge en un solo volumen la editorial Juventud. Para los fans más acérrimos de Tintín, hay que decir que la fidelidad con la que se ha adaptado la historieta es más que escrupulosa, aunque el director no ha podido evitar hacer algún que otro guiño a sí mismo o, dicho de otro modo, Spielberg no ha podido prescindir del todo de Spielberg y el espectador se de cuanta en todo momento. Precisamente, esta actualización marca de la casa es lo que da todavía más valor a la película y la hace, además de un impecable producto audiovisual, un objeto de coleccionista. Otro acierto es que la segunda entrega la dirigirá Peter Jackson (El señor de los anillos), otro grande del celuloide que ya ha producido esta primera, lo que hará que cada una de las películas de Tintín pueda tener personalidad propia (llegará a las pantallas en 2013).

Para los escépticos, les diré que no hace falta haber leído ninguna de las historietas para dejarse seducir por el carácter intrépido del reportero del flequillo pelirrojo. Esta película de aventuras supera con creces las anteriores adaptaciones de Tintín (el propio Hergé parece que ya confiaba en los años 80 del éxito que tendría una versión de Spielberg) e indudablemente, la película hace justicia al cómic y, además, lo revitaliza. Lo bueno de que este personaje no envejezca nunca, a pesar de llevar más de ochenta años plantando cara al riesgo, es que no morirá jamás. ¡Larga vida a Tintín!

 

Manel Haro

 

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