La periodista investigó seis meses las condiciones laborales en el sector de la limpieza en Francia / Foto: Manel Haro

 

Manel Haro. Barcelona

Esta no es otra típica ficción de Hollywood tipo soldado americano que de joven se juega la vida en alguna guerra y acaba malviviendo en algún pueblo del corazón del país sin más beneficio que los recuerdos de sus viejas hazañas. Lo que ha vivido la francesa Florence Aubenas es justo lo contrario: se vio envuelta en una guerra que no hacía y acabó mendigando un trabajo cualquiera por voluntad propia. Ella es reportera, antes de guerra y ahora reconvertida a contenidos de conciencia social, secuestrada en Iraq durante seis meses en 2005, que acaba de publicar El muelle de Ouistreham (Anagrama), amplio reportaje de investigación sobre las condiciones laborales de las trabajadoras de la limpieza en Francia.

Con Günter Wallraf en la mente, Aubenas quiso saber hasta qué punto estaba afectando la crisis económica a los franceses, por lo que decidió hacerse pasar por una desempleada sin apenas estudios ni experiencia laboral que, debido al abandono de su marido, se veía obligada a trabajar de lo que fuera. La periodista se empleó durante seis meses en tareas de limpieza mientras recopilaba las situaciones que consideraba humillantes y precarias para luego reflejarlas en su reportaje. “Cuando fui a buscar trabajo, dije que estaba dispuesta a cualquier cosa y me contestaron que todo el mundo llegaba diciendo lo mismo”, explica Aubenas.

En lo primero en lo que se ocupó la reportera fue en la limpieza en un barco un par de horas cada mañana y de ahí pasó a aceptar cualquier oferta llegando a trabajar para cinco empresas diferentes, “algo que me sorprendió pero que luego supe que no era nada raro, puesto que encontré a personas que estaban hasta en siete lugares distintos”, puntualiza Aubenas, quien añade que una de las reflexiones claves de su trabajo es que “el empleo precario es cosa de todos, ya que me he encontrado con chicas sin estudios, pero también con jubilados que no llegaban a fin de mes, maestras que ya no podían pagar el alquiler de su piso o estudiantes que después de salir de la universidad se iban a limpiar unas horas”.

Para la periodista era fundamental hacerse pasar por una empleada más y no conformarse con presentarse como periodista e ir a preguntar a los trabajadores por sus condiciones laborales, ya que “en ese caso, las declaraciones hubiesen sido más bien quejas, pero yo quería saber cómo era realmente y fue así como, haciéndome pasar por una de ellas, no escuché ni una sola queja pero supe cuáles eran sus condiciones”. Aubenas asegura que sus compañeras de limpieza, básicamente mujeres, “no eran consciente de que, al emplearse por unas horas, ya estaban trabajando y ejercían una profesión, sino que creían que estaban en la sala de espera del gran empleo que les tenía que llegar”.

Aubenas ha aprovechando para denunciar que “la prensa se ha convertido en un motor que se dedica a generar optimismo ante las situaciones de crisis; cuanto peor van las cosas, más botellas de cava se descorchan”. Y ha añadido que los medios no deben dedicarse a maquillar la realidad con el objetivo de incentivar el consumo, ya que “eso provoca que haya menos lectores y baje la confianza en el periodismo”. El reporteaje, considera, es el género clave para devolver esa confianza, pero “en los periódicos un amplio reportaje llega, como máximo, a una página, y por eso nos tenemos que poner a escribir libros”.

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