De Oksa Pollock se dice que es la nueva sucesora de Harry Potter, ahora que la última película de esta saga ha puesto punto y final a la serie de J.K. Rowling. Oksa Pollock, como Potter, parece ser una chica normal, pero cuando llega a adolescente, descubre que forma parte de un mundo paralelo dominado por la magia y la fantasía. Edefia es el universo del que provienen los Pollock, un lugar donde hay extrañas criaturas, simpáticos foldingots y una excéntrica abuela empeñada en que Oksa sepa cuáles son sus orígenes una vez ha descubierto la marca en forma de estrella de ocho puntas que tiene al lado del ombligo. Oksa Pollock y el descubrimiento de Edefia (Oksa Pollock i el descobriment d’Edefia, en catalán) fue autoeditado ante la falta de interés de las editoriales francesas y ahora acaban de vender los derechos cinematográficos a los productores de la saga Crepúsculo. Todo un éxito de masas que demuestra que la pollockmania sigue los pasos del mago de Hogwarts.

 

A. Plichota y C. Wolf, en Barcelona / Foto: M. Haro

 

“Nos autoeditamos porque nadie se interesó en nuestra novela y acabamos vendiendo 15.000 ejemplares”

 

Manel Haro. Barcelona

¿Cómo empezó la idea de crear a Oksa Pollock?

Cendrine Wolf: Después de la nochevieja de 2005, me tomé un baño para relajarme y me surgió la idea como un flash. Se lo comenté a Anne [Plichota] al día siguiente y el 2 de enero ya estábamos trabajando en ello. Una vez que dejamos claro el plan de la novela, Anne hizo la primera redacción y por USB nos fuimos intercambiando el trabajo de cada una. Desde entonces, una escribe en rojo, la otra en negro y cuando nos ponemos de acuerdo, dejamos el redactado final en un solo color.

¿Buscaban inventar una saga inspirada en Harry Potter?

Anne Plichota: No hay una receta mágica para escribir un libro de este tipo, aunque sí puedes recurrir a ingredientes típicos de este género, y aun así, puede que el libro no funcione. Está claro que hay un antes y un después con Harry Potter, ya que supuso una auténtica revolución que permitió a los editores ver que un libro de literatura fantástica que no entraba en sus planes para convertirse en un gran éxito, acabó siendo un fenómeno. Sí hay una filiación con Harry Potter porque en realidad fue un motor que permitió nuestra historia. Fue una saga que abrió la puerta a la literatura fantástica.

No parece que se traduzca demasiada literatura fantástica francesa, aunque supongo que tiene que haberla…

A.P.: Hay poca literatura fantástica francesa que se exporte, esto ocurre más en el mundo anglosajón. Nos alegra haber exportado una novela que no tiene nada que ver con el género romántico o intelectual. Nos permite demostrar que el género fantástico no es patrimonio exclusivo del mundo anglosajón y así los autores franceses quizá se animen a probar con este tipo de literatura.

En cambio, la aventura de Oksa Pollock ocurre en Londres, no en Francia…

A.P.: Nosotras adoramos Londres por una razón estética. Al principio pensamos en que todo debía suceder en París, pero en cierto momento hacía falta que Oksa se fuera de Francia. Londres es una ciudad más mágica, básicamente porque allí parece que están más dispuestos a creer en la magia, mientras que en Francia somos más realistas. Londres es una ciudad más neutra y cosmopolita.

En las novelas juveniles fantásticas, las familias de los personajes tienden a estar mal avenidas, lo que provoca que los protagonistas se refugien en la magia o la fantasía. En cambio, Oksa Pollock se lleva muy bien con su familia…

C.W.: Esta es la gran diferencia con Harry Potter, que es huérfano. También se pueden vivir aventuras fantásticas con una familia bien avenida. Oksa necesita a su familia para avanzar.

¿Por qué decidieron bautizar a su personaje con el nombre de Oksa Pollock?

A.P.: Tomé el nombre de un familiar de Ucrania, que se llamab Oksana. Acortamos el nombre porque sonaba mejor y luego Pollock también por una cuestión de sonoridad. Además, nos resulta un nombre bastante universal.

¿Cómo explican que una novela que tuvieron que autoeditarse haya acabado vendiendo los derechos a los productores de Crepúsculo para llevarla al cine?

C.W.: Lo que nos pasó a nosotras al principio es lo que le ocurrió también a J. K. Rowling. Nadie se interesó en Harry Potter y ella tuvo que luchar mucho para demostrar que valía la pena. Con Oksa Pollock fue igual: ante la falta de interés, creamos nuestra propia editorial y gracias a los niños, el libro empezó a tener repercusión y se vendió bien. Luego, el fenómeno de la autoedición sedujo a la prensa francesa y nos empezaron a sacar en televisión y tuvimos más cobertura. Se puede decir que la autoedición contribuyó al éxito del libro.

A.P.: Estamos seguras que si el libro no hubiese sido autoeditado, no hubiésemos tenido tanta repercusión. Casi podríamos hablar de una especie de moraleja y es que hace falta sudar para llegar a algo aunque por el camino se tenga la sensación de que se puede fracasar.

En Amazon parece que la autoedición funciona bastante bien, al menos en el mercado estadounidense. Con estos precedentes, ¿creen ustedes que el sector editorial debe replantearse algunas cosas?

C.W.: Hoy en día hay muchos más medios para escribir que antes y hay mucha gente que siente que puede escribir, lo que provoca que los editores reciban cada vez más originales. Esto puede hacer pensar que para que se publique un libro, es necesario tener un contacto, pero eso no es exactamente así. Si un libro es realmente bueno, este no se pierde. Además, con la crisis del libro, los editores son más prudentes y apuestan por valores seguros, por lo que van más a traducciones de novelas que han sido un éxito en el extranjero. Ante este panorama, la autoedición es un buen método de difusión cada vez más extendido.

¿Cuántos ejemplares vendieron de la autoedición?

A.P.: Unos 15.000 aproximadamente de la autoedición y luego, cuando ya la publicamos en una editorial más grande, unos 200.000.

¡Dos buenas cifras! Para seguir haciendo cálculos… ¿cuánto se gastaron en la autoedición y cuánto ganaron?

C.W.: Cada libro lo vendíamos a dieciséis euros. El coste de impresión era de unos cuatro euros por ejemplar. Quitando los impuestos, la distribución y demás, nos quedaban unos siete euros netos de cada libro.

Y siete euros multiplicados por 15.000 ejemplares no está nada mal, para ser autoedición…

C.W.: (Sonríe) No nos quejamos…

¿Es cierto que en Francia ya hay niñas que se visten como Oksa Pollock, con falda, camisa blanca y corbata?

A.P.: Sí, hay muchas chicas que lo hacen y también chicos, aunque estos sin la falda, claro (ríe). La corbata se ha convertido en el signo distintivo de los lectores de Oksa Pollock. Cuando van a una firma de libros, por ejemplo, todos llevan la corbata, pero no como un ejecutivo, prieta el cuello, sino suelta. El editor de Taiwán ya ha diseñado unas camisas con corbatas impresas y en Alemania se ha comercializado una corbata especial de Oksa.

Entonces los padres de sus lectores estarán aliviados de que no decidieran ponerle una cresta roja a Oksa Pollock, o algo parecido…

C.W.: Sí, las madres se sienten satisfechas porque dicen que al menos es un look decente (ríe).

Y yo que veo cierto parecido físico entre Oksa Pollock y el suyo, Cendrine…

C.W.: (Ríe) Bueno, es que Oksa es como yo a los trece años. A ambas nos gusta el rock, la acción y somos muy impulsivas. Ya me lo han dicho alguna que otra vez lo del parecido…

 

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