Este escritor francés con cara de despistado, que perdió el avión y casi no llega a tiempo para atender las entrevistas que tenía programadas, en realidad es un mordaz contador de historias que pretende romper el tópico de que hay que trabajar para tener una vida completa. En su libro, Libre solo y sin pasta (Grijalbo/Rosa dels Vents), el protagonista, Trasto, decide pasar el máximo de tiempo posible sin hacer nada, encerrado en su piso compartido: no trabaja ni consume, lee, ve la televisión, navega por Internet y se masturba. Podríamos decir que Trasto forma parte de la generación de los indignados, solo que este no tiene mucho interés en cambiar su situación de desempleado.

Foto cedida por Grijalbo

 

“Después de estudiar, habría que estar un tiempo sin hacer nada para ver cómo la sociedad de consumo nos tiene atrapados”

 

 

Xavier Borrell. Barcelona

¿De dónde sale la idea de escribir esta novela?

Yo viví una situación similar a la del protagonista durante una parte de mi vida y me apetecía contar el día a día de una vida sin nada que hacer. De ahí, con un poco de imaginación, nació la novela. Trasto tiene una carrera, pero es como una hoja muerta que va donde le mandan y luego su amiga es la que le anima a ir a París, pero una vez allí se encuentra perdido sin nadie que le diga lo que tiene que hacer, como una hortaliza o un mejillón a una roca. Entonces hace lo que sus padres le ordenan, que busque un empleo sea de lo que sea.

¿Y por qué elige París?

Quería que el personaje viniera de una ciudad mediana y fuese a una gran ciudad. Vi que la mejor manera de explicarlo era haciendo que fuera a París, donde puedes ir a comer a una cadena de comida rápida y estar rodeado de gente, pero a la vez sentirte más solo que nunca.

¿Le molestaría que le dijeran que hace apología de vivir sin trabajar?

Al contrario (ríe), me lo tomaría como un cumplido, quiero huir de quienes consideran que el trabajo dignifica al hombre y que vivir sin trabajar o vivir de rentas es perder el tiempo. A veces los perezosos son los más trabajadores. Mi protagonista simplemente tiene miedo al fracaso, por eso no quiere salir a la calle a buscar un empleo digno.

¿Podríamos decir que su libro entra en el género de autoayuda?

Creo que sí. Podría servir para que los recién licenciados vieran lo que pueden encontrar ahí fuera o para que se den cuenta que no hacer nada no es un pecado. Además también para que vean muchas cosas que no hay que hacer, como por ejemplo leer en el lavabo o comer en la cama. Quizá leer todo lo que hace el protagonista se pueda usar como un manual de actitudes a evitar.

¿Cree que la pasividad es una buena forma de protestar?

La actitud pasiva no es una buena forma de protestar, porque no es más que una forma de esconderse. Habría que organizarse tal y como lo hacen los indignados para hacerse ver y tener voz en común. De todas formas creo que sería bueno crear una asignatura obligada al acabar los estudios que fuese estar un tiempo sin hacer nada y ver cómo es la sociedad de consumo que nos tiene atrapados.

Y, de paso, vivir en un piso compartido con compañeros tan dispares como los del libro…

Eso lo hice para que el lector viera cómo son los distintas temperamentos de los jóvenes europeos en la actualidad, desde el perezoso que no recibe ninguna ayuda de sus padres hasta el espabilado que cuando las cosas le van mal siempre tiene una paga de sus padres que le saca de los problemas. Además, Trasto se encuentra con dos chicas de carácter muy distinto también.

¿Por qué elige un tono lleno de humor e ironía en su novela?

El humor y la ironía son para mí muy importante en este tipo de libros para no caer en el pesimismo. Además es una forma que tengo personalmente de ver la vida, siempre me escondo en esas dos actitudes para ver la vida desde un prisma lejano y de ese modo no me afecten tanto las situaciones negativas.

Hablando de jóvenes, no podían faltar las referencias musicales y cinematográficas.

Somos una generación impregnada de la cultura pop que cualquier cosa que hagamos tiene que tener una referencia cinematográfica o musical. Por ejemplo, cuando alguien oye se respira fuerte lo relaciona con Darth Vader o cuando su equipo gana un título lo relaciona con el We are the champions de Queen.

 

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