La película está basada en la novela homónima de Ivica Djikić

 

Cirkus Columbia no es la primera película que trata la guerra de los Balcanes ni su director, Danis Tanović, es nuevo en esta materia. Hace diez años, logró el Oscar a la mejor película de habla no inglesa con su primer largometraje, En tierra de nadie, película con la que proponía una visión poliédrica e irónica sobre la guerra de Bosnia (1992-1995). Antes de eso, Tanović estuvo filmando algunas de las misiones del ejército bosnio, lo que le permitió tener una visión cercana de la realidad del conflicto. Con ese currículum, no es de extrañar que Tanović sea el director más adecuado para llevar a la gran pantalla la novela de Ivica Djikić Cirkus Columbia (publicada en castellano por Sajalín Editores).

Y es que, lejos de frivolidades, el cine de Tanović tiende a mostrar una perspectiva periférica del conflicto, haciendo de los pormenores lo más importante. En el caso de Cirkus Columbia, el relato arranca con la llegada a un pueblo de Bosnia de Divko Buntic (Miki Manojlovic), un hombre adinerado y arrogante que regresa al lugar que le vio nacer desde Alemania, adonde se marchó hace años y donde ha hecho fortuna. Buntic llega con su nueva novia, varios años más joven que él, y con su gato Bonny, a quien más cariño parece tener. Su objetivo es recuperar la casa que dejó y que ahora está ocupada por su todavía esposa e hijo. Para ello, no dudará en hacer que los desahucien.

Corre el año 1991 y la guerra de Bosnia está a punto de estallar, por lo que la película va mostrando, de forma tímida, las tensiones políticas que se van generando. Al mismo tiempo, Buntic mantiene su propia guerra con su esposa Lucija (papel que interpreta Mira Furlan, conocida por interpretar a Danielle Rousseau en la serie Lost), mientras que el hijo que tienen en común, Martin (Boris Ler), se ve cada vez más perdido entre todo lo que le rodea.

La película, con guión del propio Tanović, se toma importantes licencias respecto a la novela de Djikić, lo que era necesario teniendo en cuenta que el libro puede producir cierta confusión en el lector (sobre todo si uno no tiene muy claro los sentimientos políticos que se cruzaban en la Croacia de principios de los años 90). Además, la película es más irónica que explícita, justo lo contrario que ocurre en la novela, que puede incluso hacerse pesada. Tanović prescinde del lenguaje épico y elude magnificar situaciones de conflicto, siendo a través de los pequeños detalles (algunos de ellos cargados de simbolismo) cuando notamos que la tensión está a punto de desbordarse. Cirkus Columbia demuestra que Tanović es mejor director cuando hace cine sobre lo que más conoce y esta película no debería pasar desapercibida.

Manel Haro

 

LA PELÍCULA / EL LIBRO

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