Si algo funciona, para qué cambiar. Eso debieron pensar los productores de Resacón 2, película que sigue con la fórmula de Resacón en Las Vegas, aquella en la que un grupo de solteros se iba a la ciudad de los casinos para celebrar que uno de ellos iba a casarse. Al día siguiente de la gran juerga, en cambio, veían que se encontraban en un estado lamentable mientras apreciaban en su entorno que durante esa noche algo se les había ido de las manos. En esta ocasión, tenemos la misma estructura, los mismos personajes y parecidas situaciones desmadradas, pero en vez lugar de ser en Las Vegas, es en Bangkok.

Stu (Ed Helms) va a casarse con una tailandesa, por lo que invita a su grupo de amigos a cruzar el océano para asistir a la boda. Aunque en principio Stu no tiene pensado celebrar ninguna despedida de soltero, finalmente acaba cediendo, de forma accidental,  y repiten el despropósito de Las Vegas. A la mañana siguiente descubren que el hermano pequeño de la prometida de Stu ha desaparecido en Bangkok y se ponen a buscarlo contrarreloj, antes de que llegue el momento de la boda. Lo primero será recordar qué ha sucedido durante esa noche.

La película, como la primera parte, propone una aventura disparatada y entretenida, pero los momentos en los que uno se deja llevar por la carcajada no son más que dos o tres, aquellos en los que más allá de situaciones absurdas, hay cierto ingenio. Para el espectador que disfrutó con Resacón en Las Vegas, esta segunda entrega le divertirá del mismo modo porque contiene idénticos ingredientes (cambia el escenario, eso sí), pero si no les convenció la primera, no esperen encontrar una mejoría en Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!. Eso sí, todo hay que decirlo, viendo las comedias que llegan últimamente de Hollywood, esta es de las que se salvan.

Manel Haro

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