Ya lo dijo Sor Emmanuelle: “La vida es un riesgo. Si no has arriesgado, no has vivido.” Y no se preocupen si no conocen a esta Sor Emmanuelle, que yo tampoco, pero es la frase que abre el libro y sintetiza a la perfección la historia que se va a encontrar el lector entre estas páginas. En ella, Alan Greenmor ha perdido al amor de su vida, una vida que, desde su pesimista punto de vista, no merece la pena continuar, así que una noche tibia y suave se encamina a lo alto de la torre Eiffel para poner fin a su existencia. Allí, mientras piensa si tirarse o no, aparece una persona que le ofrece un trato: que renuncie a suicidarse a cambio de que él se ocupe de ponerlo en el buen camino, de convertirle en un hombre capaz de gobernar su vida, resolver sus problemas y, lo más importante, ser feliz. En definitiva, deberá comprometerse con la vida. A partir de ahí, Alan sigue los consejos de su ángel de la guarda.

Hay que decir que el título original de la novela (Dios siempre viaja de incógnito) es más fiel al sentido de la historia que el que le han puesto en las ediciones catalana y castellana (No me iré sin decirte adónde voy). Y es que Yves Dubreuil se convierte en el dios particular de Alan hasta el punto de no poder dejar de pensar en él a todas horas, impidiéndole en muchos casos dormir.

Alan trabaja de consultor de selección de personal en Dunker Consulting, una empresa donde priman más los resultados globales al cierre anual de contabilidad (o sea, ganar dinero como sea) que la felicidad de los propios trabajadores, hasta el punto de que entre ellos se crea un odio acérrimo, vigilando siempre quien puede tener mejores contratos. En líneas generales, podríamos decir que estamos ante una novela con tintes de superación personal, utópica quizá, pero de la que podemos extraer nuestro propio aprendizaje. Frases como “los únicos límites son aquellos que nos ponemos nosotros”, “diviértete, es el mejor consejo que puedo darte”, “la realidad es que nadie cambiará tu vida si no lo haces tú” no dejan de ser auténticos propósitos, píldoras para conseguir tener una vida más satisfactoria.

Recomendable novela, desenfadada, ligera, amena e incluso, si me apuran, esperanzadora. Es fácil meterse en la piel de Alan y conseguir afrontar el día a día con más optimismo, nada raro si tenemos en cuenta que el autor, Laurent Gounelle, es especialista en desarrollo personal. Si uno da lo mejor de sí mismo, recibirá lo mejor de los demás. Queda dicho.

 

Salva G.

 

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No me iré sin decirte adónde voy / Laurent Gounelle / Editorial Planeta / 1ª edición, marzo de 2011 / Trad. al castellano de Juan Camargo / 374 páginas / ISBN 9788408100652

No me n’aniré sense dir-te on vaig / Lauren Gounelle / Editorial Columna / 1ª edición, marzo de 2011 / Trad. al catalán de Ona Rius / 456 páginas / ISBN 9788466413718

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