En el Hotel Gallery de Barcelona Asa Larsson nos recibe con una amplia sonrisa que se vuelve en carcajada varias veces a lo largo de la entrevista. Accede a dejarse fotografiar antes de lanzarle la batería de preguntas. Al entrar en la sala, señala las cafeteras por si queremos tomar café mientras hablamos con ella. A pesar de que insiste que en Kiruna la gente no es muy sociable, ella muestra sin descanso su gran sentido del humor. En España han sido publicadas sus dos primeras novelas, Aurora boreal y Sangre derramada (Sang vessada en catalán).

 

 

Manel Haro. Barcelona (Texto y foto)

Además de la profesión de abogada, ¿qué más comparte con su personaje Rebecka Martinsson?

Las dos venimos del norte de Suecia. Ella también ha crecido en una comunidad pequeña, luego se ha ido a la ciudad a estudiar derecho, como yo, pero no se siente integrada, así que vuelve a su pueblo natal. Sin embargo, nada es igual, algo ha cambiado. Rebecka es poco apegada y le cuesta relacionarse con la gente. Yo también soy un poco como ella.

¿Por qué decidió que Rebecka Martinsson aparecería en un mínimo de seis novelas cuando todavía no había acabado de escribir la primera?

Yo estaba muy decidida a acabar mi primera novela cuando empecé a escribirla. Decidí, mientras lo hacía, que escribiría tres aunque nadie quisiera saber de ellas. Pero si se publicaba y provocaba interés en los lectores, entonces pensé que escribiría seis. Por eso, ahora sé que escribiré seis (ríe).

¿Cómo les condiciona el tiempo a los suecos del norte?

El clima y el aislamiento nos afecta mucho. En Kiruna estamos muy lejos de Estocolmo, donde se toman las decisiones importantes. Tenemos cierto sentimiento de inferioridad respecto al resto de Suecia. En Kiruna la gente no se relaciona demasiado, somos malhablados y poco sociables y además bebemos mucho. Quizá somos más parecidos a los rusos que a los suecos.

Sin embargo, esto ofrece unos escenarios más atractivos para la novela.

Sí, es un regalo de dios. Es un sitio diferente, para mí no hay ninguno igual en el mundo, es exótico y perfecto para la novela.

¿Se considera embajadora de Kiruna?

Kiruna se las apaña muy bien sin mí, pero yo no puedo vivir sin Kiruna. Kiruna ha sido siempre muy importante a nivel internacional, por las minas de hierro, ya que allí tenemos el hierro más puro del mundo. Ahora tenemos un centro de investigación espacial. Además, estamos llevando a cabo una experiencia pionera en el mundo, y es que se está trasladando el pueblo porque la mina de hierro es cada vez más profunda y ahora va por debajo de las casas. Por tanto, Kiruna sabe tirar adelante sin mí pero no al revés.

En sus dos primeras novelas, hay una parte importante de la trama que apunta a la religión. ¿Es una manera de apartar viejos fantasmas?

La religión forma parte de mi herencia. Mis abuelos paterno y materno pertenecían a una iglesia muy conservadora, los laestadianos; mis padres, en cambio, no creían en la religión, eran muy de izquierdas y tenían un matrimonio muy abierto, más propio de los sesenta. Yo sí me uní a una iglesia libre de adolescente. Por tanto, siempre ha sido un tema de debate en mi casa y me ha costado dos libros de terapia poder empezar a hablar de otras cosas (ríe).

Y seguro que no a todos les gusta que hable así de la religión…

A mí me mandan muchas cartas. Algunos me lo agradecen porque dicen que parece que yo haya vivido en sus propias familias. Pero también hay gente que me explica que son miles de personas las que rezan por mí y me dicen que en breve voy a conocer a Jesús y dejaré de criticarles. Éstas particularmente me molestan mucho, porque ellos no tienen ni idea de cuál es mi relación con dios, que me va muy bien y no tienen que juzgar.

Su literatura es más directa que la de Camilla Läckberg, por ejemplo, ya que ella es más sutil a la hora de describir determinadas escenas. ¿Cuestión de gustos personales?

Esto debe venir de los modelos que yo tengo para escribir, como Cormac McCarthy, que escribe de forma directa y muy cruda. Además, en Kiruna hablamos muy alto, muy rudo, y cuando bromeamos podemos resultar ofensivos. Quizá por eso escribo de forma más directa.

Camilla Läckberg quería una escritora para resolver sus casos, usted escoge a una abogada. Los policías, en ambos casos, son personajes secundarios. ¿Por qué lo deciden así?

Yo soy muy vaga, así que escribo sobre lo que más conozco. Como soy abogada, elijo a una abogada en mis novelas, que es la opción más fácil. De todos modos, el género negro se está ampliando mucho y actualmente no es raro ver a distintos personajes investigando casos.

Entonces Camilla Läckberg debe ser más vaga que usted, porque ella es escritora como su protagonista, pero además las dos están casadas con un policía.

(Ríe) Camilla suele bromear mucho con eso, pero a fin de cuentas, los crímenes que tú inventas los tienes que investigar tú misma, estés casada o no con un policía.

En España aparecerá este año su tercera novela. ¿Nos adelanta algo?

Se llamará Black path (Camino negro) y sabía que tenía que alejarme de Kiruna, Suecia y Europa. El personaje es un hombre de negocios de Kiruna, pero que tiene minas en África. Y al principio Rebecka Martinsson está fatal (ríe).

Anuncios