El comisario Kirchenberg, jefe de la brigada de homicidios, dirige la investigación del asesinato de una joven estudiante, a la que han asestado varias puñaladas. Para esclarecer los hechos cuentan con la declaración de una testigo, amiga de la víctima, que vio fugazmente al posible asesino.

Cadáveres es la ópera prima de Norbert Horst, escritor alemán (1956), que recibió por dicha obra el premio Friedrich Glauser, el Oscar de la novela policíaca alemana, y el Deutscher Krimi Preis, galardón que se otorga a autores que por su estilo literario y su originalidad en la selección de contenidos, dan un impulso al género de la novela de detectives.

Norbert Horst partía de una posición inmejorable para contarnos una historia de detectives desde dentro, ya que es comisario jefe de policía en la vida real. Sin embargo, en la opinión de quien escribe, no ha salido bien parado en esta experiencia literaria. Como lector no he sentido en ningún momento esa chispa necesaria para conectar con Kirchenber, el protagonista de la historia, un comisario bastante salido, con especial predilección por el vello del sexo opuesto, y cuya personalidad está dibujada en unos trazos demasiado irregulares.

Quizá el mayor problema de Horst haya sido caer en la trampa que él mismo se ha autoimpuesto: un estilo inflexible, sin capacidad de adaptación. La novela, escrita en primera persona, no da concesión alguna al lector: le exige un esfuerzo que, a la larga, se ve defraudado porque detrás de la historia no hay nada más, ni grandes giros, ni grandes misterios, ni grandes personajes, ni grandes diálogos, ni grandes escenas de acción. Los párrafos son exiguos, sobre todo durante el primer tercio del libro, las frases cortas, y en los diálogos, tras la raya, nunca, jamás, se emplean verbos de habla.

Todas estas características permiten una lectura rápida, que no ágil, e impiden que el lector se acerque tan siquiera un poco a los personajes. Obligando además a un estilo minimalista cuando se quiere imprimir velocidad a la historia porque la acción lo exige. Entonces desaparecen los verbos y todo rastro de conjugaciones, y se pasa a un formato más digno de un telegrama que de una novela. El hecho de ser una obra coral, con intervenciones de múltiples personajes, emborrona aún más la percepción. Los comentarios de Kirchenber hastían porque carecen de cualquier signo de de vivacidad, de ingenio. Como apunte basta con repasar sus reflexiones sobre cualquier mujer que se le pone por delante, sea policía o no, donde casi siempre incorpora una percepción física o sexual.

No comprendo cómo esta obra ha podido ser galardonada tan efusivamente. Y dejo una pregunta que me inquieta: ¿son así de verdad los polis?

Sergio G. Ros

 

Cadáveres / Norbert Horst / Editorial Styria / 1ª edición, 2006 / 253 páginas / ISBN 9788496626164

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